Mientras en Europa la legislación se endurece para bajar el número de camas turísticas, proteger al medio ambiente y las condiciones laborales, Quintana Roo festeja la llegada de más cuartos de hotel, tras una pandemia que dejó al sector hotelero con carencia de trabajadores y graves problemas de movilidad.

 

 

 

Por Luciano Núñez

 

El poeta griego Esopo lo narró hace tiempo… Un granjero pobre fue premiado con una gallina que ponía huevos de oro…En Quintana Roo modelo turístico pasó de la exclusividad a la masividad, del sistema europeo al “todo incluido”. De acuerdo con las tendencias mundiales, de preservar y reducir el impacto laboral y ambiental, ¿por qué vamos a contrasentido en materia de turismo? ¿Estamos en el comienzo del final? Por eso es bueno analizar y entender qué pasa en otros países que van en otra dirección.

Mientras en España, precisamente en Baleares, acaban de poner una durísima legislación para reducir lo que llaman “plazas turísticas” (infraestructura medida en camas, más que en cuartos de hotel), que deberán disminuir 120 mil en los próximos años, de las 623 mil que tienen; en Quintana Roo se descorcha champaña porque la cadena Hyatt sumará 5 mil cuartos de hotel a nuestro estado, que ya supera los 127 mil cuartos distribuidos en 331 hoteles.

Además de esta reducción de capacidad hotelera en España, que tiene su lógico impacto en el medio ambiente, exigirán que al menos unas 300 mil plazas de hoteles de lujo, mejoren la calidad laboral de 20 mil camareras (llamadas Kellis), con elevadores de cama para realizar este trabajo, debido a que han significado una grave fuente de invalidez en la clase trabajadora.

La brecha se agranda

Hyatt Ziva Cancun, un resort todo incluido
Hyatt Ziva Cancún, bajo el modelo del «todo incluido». La cadena anunció en Fitur de España que construirá cinco mil cuartos más en Quintana Roo.

 

En Quintana Roo, por el contrario, la brecha económica y social que separa a la boyante nueva zona habitacional y hotelera, Puerto Cancún, con las zonas más populares y trabajadoras, se ha hecho cada vez más ancha. Basta recorrer los dos extremos. Casas de magnates con una colección de autos valuada en millones y yates al pie de fastuosas mansiones, a pocos kilómetros de casas y departamentos que concentran a la clase trabajadora, Villas Otoch, donde existen altos índices de hacinamiento, delictivos y falta de movilidad. Lo describió muy bien la gobernadora Mara Lezama en su discurso de toma de protesta, “la prosperidad no ha sido compartida”.

Los mismos hoteleros se han quejado de la falta de trabajadores, a quienes la hotelería ya no les resulta tan atractiva como años atrás, menos aún con la frenética construcción del Tren Maya que supone un trabajo mejor pagado y bajo tutela del gobierno federal. No es azaroso que durante la pandemia miles de trabajadores hayan emprendido el retorno a sus ciudades o pueblos después de ser despedidos, porque la meca-hotelera llegó, para muchos, a la curva de declive de trabajo seguro y bien pagado; además, la falta de solidaridad del sector en épocas de pandemia fue un duro impacto.

Estamos sobre-explotando, “necesitamos modelo de calidad”

Negocios Internacionales | Universidad del Caribe
Christine McCoy, Jefa del Departamento de Economía y Negocios de la Universidad del Caribe.

Hace unos años, en agosto de 2019, entrevisté a la catedrática e investigadora, Christine McCoy, quien fue lapidaria: “Estamos sobre-explotando a la gallina de los huevos de oro”, me decía. Y hablaba de la necesidad de tener cada vez menos turismo y cambiar por un modelo de calidad. “Tenemos bellos lugares, pero lo que estamos haciendo es sobre-densificar y haciendo más vulnerable nuestro entorno”, advertía. Para McCoy la masificación del turismo genera empleo precario y mal pagado. “La gente no puede salir adelante. Debe trabajar más horas y una serie de problemáticas que vienen con ello”, advertía, para sintetizar: “No necesitamos más, sino mejores empleos, inversión que deje derrama a la comunidad”.

Falta de movilidad y hacinamiento

En los cuatro indicadores que estudió la Universidad del Caribe, la movilidad arrojaba el indicador peor calificado, con 14 puntos sobre 100, es decir, la infraestructura que soporta a la hotelería que ha quedado por demás rezagada, con mini-casitas, sin áreas verdes y hacinamiento en el que prolifera la inseguridad. Durante años, los empleos de la zona hotelera han consistido básicamente en propinas, por la ausencia de un sueldo acorde a muchos factores: destierro, traslados y especialización, por ejemplo.

Medio ambiente

Quintana Roo ha perdido desde 1980 a la fecha más de seis mil hectáreas de manglares.

La sobre-explotación del medio ambiente tiene también consecuencias ambientales serias. El año pasado fue descubierta en Mallorca, España, la mayor filtración de residuos —con metales pesados—que contaminan la cuenta acuífera. El relleno sanitario comenzó a funcionar en 1975 y, cuando fue cerrado, en 2008, tenía unos 4.3 millones de toneladas, a lo que se suman 450.000 toneladas de cenizas cimentadas procedentes de la incineración de residuos. Todo ello se cubrió de tierra para levantar una montaña artificial de 50 metros de altura, con un perímetro de 2,6 kilómetros y que ocupa una superficie de 31 hectáreas. Quintana Roo ha perdido más de 6 mil hectáreas de manglares, desde 1981, según el último registro de 2020, solo superado por Nayarit.

Es decir, no sólo se trata de la construcción en sí misma, sino la disposición final de la basura, la calidad del agua y la infraestructura, además de la educación y el acceso a la salud. Está claro para que, para el sector productivo, es un negocio de rápido retorno de inversión a costa de explotación laboral y devastación ecológica.

Tampoco es de soslayar que, gran parte de las ganancias del turismo no se quedan en Quintana Roo, donde los grupos empresariales han encontrado facilidades hacendarias, de uso de suelo y otros beneficios que suelen quedarse en el oscuro camino de la corrupción.

En conclusión

Llegan otros cinco mil cuartos y, no se trata de rechazar la inversión en una postura radical, sino de tener un sólido marco legal: ambiental y laboral, para que los grupos hoteleros se instalen sin lastimar el entorno ecológico, en muchos casos recursos no renovables, salvaguardando las condiciones de los trabajares y, con un Estado que desarrolle infraestructura que pueda soportar la frenética carrera de más cuartos, más vuelos, más turistas, y así, más basura, contaminación, inseguridad y un panorama que se parece más al cuento de la gallina de los huevos de oro, en la que el granjero mata el ave en busca de una mina que no existía.

La moraleja es demasiado obvia, ahora: ¿la hemos aprendido? O descorchamos otra champaña.

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Luciano Núñez Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Catamarca, Argentina. Postgrado de Opinión Pública por FLACSO y diplomado en géneros periodísticos en La Salle, Cancún, e Historia de Quintana Roo en la Universidad del Caribe y Sociedad Andrés Quintana Roo. 

Trabajó en medios de comunicación de Argentina y México y publicó los libros Voces que Vuelven, Tan Lejos y Otra Vez en Casa y la novela Magnificens Cancún, editada por Miguel Ángel Porrúa

Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún y Solidaridad, Playa del Carmen.  

Actualmente es director general de Grupo Pirámide y Vértice.

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